Nada era del individuo, a no ser unos
cuántos centímetros cúbicos dentro de su cráneo.
"1984" – «George Orwell».
Finalmente el capitalismo está a punto de conseguir, más rápido de lo esperado, lo que
su antagónico adversario, el comunismo empedernido, pretendió en sus
orígenes: Lograr un estado de bienestar superior y generalizado en el cual las maquinas trabajaran para que el resto de la humanidad disfrutara a sus
anchas del gran honor y placer que representa el estar vivos, en un cosmos en
el cual por más que especulamos, no logramos demostrar otra existencia
diferente a la nuestra, aunque la estadística diga que es cuestión de tiempo
el que consigamos identificar, que no contactar, alguna clase de vida
exterior a nuestro maravilloso milagro azul.
No creo en absoluto que
sea nada nuevo el pensamiento este, pero sí irónico. Porque en poco tiempo,
un par de decenas de años tal vez, los ordenadores, los robots y la
inteligencia artificial, van a conseguir prestar servicios más eficientes y
precisos a los cuales los humanos estamos no solo acostumbrados a disfrutar
o recibir, sino a prestar. Médicos, profesores, diseñadores de paginas
web, corredores de bolsa, psicólogos… jueces y un vasto etcétera (más o menos
como el 80% de la población en países medianamente desarrollados). Entonces,
¿que vamos a hacer cuando las maquinas diagnostiquen, diseñen, enseñen, nos
digan como gestionar nuestro dinero, nos acompañen en las angustias
existenciales… nos juzguen mejor que nosotros mismos? Pues descansar, diría
un joven desprevenido o un humanista de izquierda. Pero más allá de eso,
¿con cuales recursos deberíamos mover la economía mundial, que si no crece
profetiza el fin de nuestra sociedad?
Hace poco vimos al nuevo dueño de Twiter, Elon Musk decir en una entrevista que los
países deberían empezar a revaluar la posibilidad de que los estados
comiencen a dar mesadas, dinerito a los ciudadanos, para que así las
personas tengan con que pagar sus gastos básicos, como Spotify por ejemplo
pensaba yo, o Netflix. Es decir, conseguir que las maquinas trabajen
por nosotros, para que nosotros les compremos al sistema, para que el
sistema nos de con qué y así siga existiendo un modelo que autorregulado por
algoritmos con una moral simulada, nos de una calidad de vida mas honesta,
eficiente, prospera, sana, segura y sin hambre. Muy comunista suena todo
eso.
La duda entonces que surge es, si el nuevo estado de confort que nos ofrece
la tecnología hasta hoy, nos ha llevado a negar la verdad para conservar la
comodidad, y ya que a nadie pareciera preocuparle semejante ineficiencia
humana, ¿que vamos a hacer durante esta nueva centuria, con las personas
banales y superfluas en las cuales al parecer nos están transformando las
pantallas?
Nota: «La OMS dice que un niño de hoy pasa dos meses al año frente a una
pantalla. Súmense las horas de sueño, que son unos 4 meses, y así
tendremos que les quedan solo 6 meses al año para el oficio de vivir».
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Opinión