Cuentos por el mundo.

Porque de las carreras no queda sino el cansancio. Cuentos por el mundo.












miércoles, 3 de mayo de 2023

El preludio de la banalidad. ⎯Un apunte breve⎯


 

Nada era del individuo, a no ser unos 

cuántos centímetros cúbicos dentro de su cráneo.

"1984" – «George Orwell».



Finalmente el capitalismo está a punto de conseguir, más rápido de lo esperado, lo que su antagónico adversario, el comunismo empedernido, pretendió en sus orígenes: Lograr un estado de bienestar superior y generalizado en el cual las maquinas trabajaran para que el resto de la humanidad disfrutara a sus anchas del gran honor y placer que representa el estar vivos, en un cosmos en el cual por más que especulamos, no logramos demostrar otra existencia diferente a la nuestra, aunque la estadística diga que es cuestión de tiempo el que consigamos identificar, que no contactar, alguna clase de vida exterior a nuestro maravilloso milagro azul.
 
    No creo en absoluto que sea nada nuevo el pensamiento este, pero sí irónico. Porque en poco tiempo, un par de decenas de años tal vez, los ordenadores, los robots y la inteligencia artificial, van a conseguir prestar servicios más eficientes y precisos a los cuales los humanos estamos no solo acostumbrados a disfrutar o recibir, sino a prestar. Médicos, profesores, diseñadores de  paginas web, corredores de bolsa, psicólogos… jueces y un vasto etcétera (más o menos como el 80% de la población en países medianamente desarrollados). Entonces, ¿que vamos a hacer cuando las maquinas diagnostiquen, diseñen, enseñen, nos digan como gestionar nuestro dinero, nos acompañen en las angustias existenciales… nos juzguen mejor que nosotros mismos? Pues descansar, diría un joven desprevenido o un humanista de izquierda. Pero más allá de eso, ¿con cuales recursos deberíamos mover la economía mundial, que si no crece profetiza el fin de nuestra sociedad?
 
      Hace poco vimos al nuevo dueño de Twiter, Elon Musk decir en una entrevista que los países deberían empezar a revaluar la posibilidad de que los estados comiencen a dar mesadas, dinerito a los ciudadanos, para que así las personas tengan con que pagar sus gastos básicos, como Spotify por ejemplo pensaba yo, o Netflix.  Es decir, conseguir que las maquinas trabajen por nosotros, para que nosotros les compremos al sistema, para que el sistema nos de con qué y así siga existiendo un modelo que autorregulado por algoritmos con una moral simulada, nos de una calidad de vida mas honesta, eficiente, prospera, sana, segura y sin hambre. Muy comunista suena todo eso. 

La duda entonces que surge es, si el nuevo estado de confort que nos ofrece la tecnología hasta hoy, nos ha llevado a negar la verdad para conservar la comodidad, y ya que a nadie pareciera preocuparle semejante ineficiencia humana, ¿que vamos a hacer durante esta nueva centuria, con las personas banales y superfluas en las cuales al parecer nos están transformando las pantallas? 

Nota: «La OMS dice que un niño de hoy pasa dos meses al año frente a una pantalla. Súmense las horas de sueño, que son unos 4 meses, y así tendremos que les quedan solo 6 meses al año para el oficio de vivir».


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