"El rencor es la sumatoria de la frustración humana".
« J.G. Moore»
Mi nombre es Juan, mido setenta y ocho centímetros de estatura y mis amigos me llaman Juano, Juano el Enano.
Durante los últimos meses en el circo la atmósfera se ha venido caldeando. Cada vez que el engreído Goliat pasa haciendo alarde de ser el hombre mas fuerte del planeta, a mi se me encoge una tripa y no puedo dejar de maldecir el desdichado momento en que entró a formar parte de nuestro elenco. Es un gigantón barbudo e inescrupuloso que cree tener a todas las chicas rendidas a sus pies y merecer más que el resto de los mortales.
Lo primero que me pasó con Goliat fue lo de la trapecista. Ella y yo llevábamos saliendo más de dos meses, un poco a hurtadillas para no levantar aspavientos, un poco a escondidas para animar a la lascivia natural de la clandestinidad. Mariona parecía quererme sin complejos ni prejuicios. Entiendo que para una mujer hermosa como ella, salir con el enano del circo no fuera lo mas propio, sin embargo no parecía causarle esfuerzo alguno. Así compartíamos, furtiva y vívidamente nuestro affaire circense, hasta que él, con su camiseta de mangas apretadas y esa barba espesa que dice llevar para verse mas varonil ⎯aunque yo sé que se la deja para tapar las huellas del acné pustuloso que padeció en su juventud⎯, decidió dar el zarpazo. Y justo en mi día de descanso, a la vil traición, la invitó a cenar, la engatusó y se la quedó sin siquiera ruborizarse. Goliat es un gigante entelerido y desleal al que le es imposible estar a la altura de las circunstancias.
Es que el mero hecho de pensar en él, hace que me hierva la sangre: Cada día, en la reunión matinal, se queda con el sandwich mas grande del bufé, habla a voz en grito y con la boca llena, corta las conversaciones ajenas y suele babear cuando ríe los estúpidos chascarrillos de mal gusto que el mismo hace sobre mi frente ancha y mis dedos morcillones.
Pero lo ultimo ya ha sido demasiado. La mujer bala, que también es la directora de actos, había decidido que fuera mi presentación la que abriera el espectáculo y así tener el honor de dar inicio a la función. Pero de nuevo, Goliat, con su pantalón azul brillante y ese cinturón ancho de piel sintética que le contiene tres hernias inguinales, valiéndose de sucias artimañas de galantería barata, logró que su show fuese cambiado por el mío convirtiéndose en el telonero de la sesión de matiné.
Estoy seguro que ese maldito embustero tan forzudo no es. En el circo todo el mundo sabe que el elefante que levanta, en el espectáculo del hombre mas fuerte del mundo, es anoréxico y sufre osteoporosis.
Ahora veremos que pasa con el necio gigantón cuando se entere de que esta noche salgo a cenar con una dama. Lo estaré observando.
Que sepa, yo perdono pero no olvido.
No quiero que nada perturbe mi velada con la mujer barbuda.
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