Cuentos por el mundo.

Porque de las carreras no queda sino el cansancio. Cuentos por el mundo.












miércoles, 11 de febrero de 2015

Homosessual, o la terrible y breve historia del hombre más malo del mundo que un día no pudo serlo


"La maldad no tiene por fin esencialmente el sufrimiento del otro, 

sino su propio gozo, bajo la forma, por ejemplo, 

de un sentimiento de venganza 

o de una fuerte excitación nerviosa" 

« Nietzsche»

          

El burro de Jacinto entró al pueblo a paso trotón y con su propietario erguido en la montura, atado de las manos al cabezal de la silla, los pies en los estribos ajustados con pretinas y el sombrero tapando el muñón del cuello que dejaba la falta de la cabeza.

Era el quinto decapitado del mes. Siempre aparecían de forma espeluznante en el pueblo y sin falta, todos llevaban una nota que explicaba la razón de su muerte, en cuatro de ellos la nota decía: Por Maricón. Y en el quinto: Por Bisexual.

¡Otro homossesual que matan en el pueblo!

Pero esto es de locos, papá. Ya son cinco este mes. Y la policía de la vereda no dice nada, no hay sospechas y cada vez los muertos son más. Y se dice homosexual, papá –corrigió Danilo a Don Mariano con cierto retintín en el tono.

Lo capturaremos, hijo. Pero eso es lo que se merecen esos degenerados del demonio por cochinos. ¡Y no me corrija, que yo hablo como me da la gana!

Mariano, alcalde y alguacil de Santa María Morena, era un hombre recio, corto en educación, excampesino, exsoldado, expolicía y exconcejal del partido de la trinidad. Padre de un adolescente al que obligaba a cumplir como monaguillo los domingos en la iglesia de la catedral y que criaba solo debido a una viudez prematura. 

¡Ay, papá! Siempre es igual contigo, pobre gente. Entonces, ¿qué harás esta noche?

Saldré a investigar un poco, pasaré por los alrededores a ver si encuentro indicios de los decapitados en los cafetales de la loma

Bien. Yo iré a visitar a Manuela y a limpiar la sacristía, así no tendré tanto trabajo mañana domingo y podremos desayunar en casa de la abuela. Puede que hoy llegue tarde dijo Danilo al despedirse.

En la periferia, la zona de tolerancia de Santa María Morena la formaba una calle larga, repleta de cantinas y casas de lenocinio, donde los arrieros dejaban las ganancias obtenidas en sus correrías a cambio de amores de paso. Lugar de peleas frecuentes sin consecuencia, era el antro perfecto para malandrines de poca monta y despechados de toda índole. Allí llego Mariano, de paisano y caminando despacio.

Sara, la proxeneta del Gran Sodoma, entregaba en la puerta de su establecimiento máscaras para que los invitados se distendieran de las angustias de la identidad y dependiendo de los gustos y vicios, les  indicaba lo más acorde a sus necesidades de divertimento. La sala “Aquí te pillo” estaba a reventar. Mariano entró, se regodeó en los placeres de la lubricidad y la carne sin el suficiente brío para fornicar con un adolescente que lo abordaba con abierto interés. Aturdido por la frustración, se retiró a un rincón y eligió entre los asistentes a su siguiente objetivo: el delgado de la peluca blanca y las plataformas de corcho. Le esperó a que saliera en las caballerizas del burdel donde lo abordó. Rebasado por la lujuria, su monstruo tomó el control y poseyó en reversa al joven debilucho. Envión tras envión su excitación fue en incremento, y en el momento culmen, blandió en el aire el afilado machete que le daría de un tajo el anhelado éxtasis final.

Cochino homosessual, te voy a matar.

¿Homosessual? ¿Papá?





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